jueves, 9 de septiembre de 2010

la sección donde no tenemos filtros no lleva mayúsculas.

a pesar de que es miércoles decido prender el porro que dejé por ahí. es miércoles, mañana tengo que madrugar pero no importa. si no llevo el escrito a los juzgados de retiro seguro me van a ver colgando del sexto piso de algún edificio del microcentro. pero no importa, tuve un día agotador; enmienda: hoy quiero reirme un rato y escuchar buen jazz o molotov, depende del entorno. y el msn está. está él también, que por ciertas abstracciones suyas apareció cuando el sol quemaba. siempre hablamos de cosas interesantes, o por lo menos a mí me interesan. también nos peleamos y recomendamos acordes.
esta historia me recuerda a las películas yankees, donde todas se quedan con el chico lindo de la preparatoria que encima juega en el equipo de fóotbal américan (y el primer y decisivo beso se lo otorgan cuando a ella la coronan reina del baile de graduación)
el desvirtuosismo me gobierna hoy.
¿qué pasa corazón? ¿ya no te gusta jugar?
callate que yo empecé con esto.
bueno che, no se peleen que para eso tienen el luna park. no es el medio ni el momento nena. lo tenía a él al otro lado; no olvido que detrás de este juego binario hay una persona. sentí que le gustaba y eso me gustó. no sé si prefería eso o la paz que me imperaba hasta ese momento.
en realidad sentí que me tocaban sin hacerlo. me gustó gustarle y me gustó sentirme gustada. me temblaban las manos como quienceañera loca y se me dibujó una sonrisa pícara plagada de adolescencia. me fumé tres cigarrillos al hilo y apreté nitro. es divertido ser vedette unos minutos.

perdí la cabeza.
¡despertate nena! la vida no es disney.

me voy a tomar un té de valeriana y a hacer zapping con las patas arriba de la mesa, es una noche para eso hoy.
(pequeñas ventajas de sentirse freedom cuando nadie te ve, y de conocer la secreta propiedad de una infusión)

miércoles, 25 de agosto de 2010

intento de desalojo

Fuera de mi casa, de mis ventanas siempre llenas de pasteles recién horneados, de los helechos de la entrada y de sus goteras ocasionales -sólo cuando llueve-, de la enredadera de su cabeza, de la puerta siempre abierta. Me estoy deshaciendo de los castillos en el aire, me vuelvo más huraña; bombitas de 25 watts zumban en mi cabeza dando un aire amarillento, el mismo empapelado, cortinas de terciopelo negro centinelas del sol atajan toda posibilidad de que éste se cuele en mi vida. No más alfombrita de welcome: welcome a retirarte.
Estoy replegando soldados que se refugian en mi casa: no más copias de llaves debajo de la maceta.
"Vos sabés cómo somos... nunca esperes que nos vayamos". Pero uno nunca sabe.
Líneas de peones; mi jardín: un ajedrez de defensa. Estrategias de pulseada, heladera vacía. Moscas hastiadas sobre la copa y las migas del plato que yace en la mesa. Fui abogada, defensora, psicóloga, jueza : fueron cartas documento, hipotéticas justificaciones, intentos truncos de comprendimiento y la verdad se me desnuda en cara. No hay una sola carta que pueda jugar a favor.
¿Qué me vas a venir a decir? No me pidas que apueste a un no sé qué donde siempre termino perdiendo hasta los zapatos. No te queda una excusa, una sola que pueda justificar todos tus actos. No me quedan más herramientas para entrar a la burbuja, al laberinto de donde siempre salgo con un rasguño. Es un constante goteo de sabor agridulce (que se fue poniendo más amargo) la casita de tejas se resquebraja desde sus cimientos y me duele el cuerpo de sostenerla.
¿Sabés? Siempre esperé un sol que venga desde el frente, pero el sol siempre está ausente. ¿Cuidarías al vegetal que crece dentro de mí, así como yo riego el tuyo?


...



¡HARTA!

domingo, 11 de julio de 2010

réquiem.

Esto es una plegaria, un anhelo de esos que deseas que se cumplan apretando fuerte los ojos, una oración, un deseo a grito descarnado que mientras lo pronuncias sentís cómo se te desgarra la garganta, en un estallido de libertad.Tenés la maquinaria pero tenés el palo en la mano, el pie haciendo click en la mina.
Sentís que tenés vista de lince tuerto. Aroma a violines se escuchan mientras te desenredás los cabellos. Fantasía es tu todo y neverland tu sueño. Vivís en una noche de verano, soñando. Sueño siempre va a ser sueño si no puede ser moldeado. Lo acariciás al borde del éxtasis REM. Cuando vas a tomarlo, hacerlo tuyo... te despertás.




domingo, 30 de mayo de 2010

la penélope.

Te miro irte a los toldos
la última vez que el viento te arrancó de mis dedos.
Se fueron soltando, desenganchando uno por uno.
Como si no quisieras irte, como si no quisiera que te vayas.
Me mirás y movés la cabeza para un lado y para el otro.
Como borrando la posibilidad de conocernos en otra vereda,
en otra paralela, del tiempo y de la vida.
Y me quedo esperándote.
Como mirando a través de una ventana,
corriendo la cortina, viéndote volviendo.
Acabo de parafrasear a Penélope,
qué estúpida.
Y mi corazón da un vuelco
a medida que pasan los días.
Y tejo las ilusiones soleadas,
que destejo cuando me ataca la noche,
la soledad, en mi cama.
Mientras volás, usas tu arenita del pasado,
y yo a puro prozac y migas de pan.
Te miré irte a los toldos
y te regalé al mundo, formalmente.
Porque te habías regalado antes de que me dejaras soltarte.
Vos, alitas y a cerrar punto arroz.
Yo, a los cucos del armario,
que vos, alumbrando el cuarto,
"zonzita, no existen".
Vos, a seguir poniendo más fotos en el álbum.
Yo, a ver las que ya están viejas,
nunca pude poner una nueva en el álbum cardíaco.
Y no vas a venir,
porque otros asuntos te van a retener,
y yo no te voy a esperar,
porque las raíces comerían mis pies,
otra vez, la Penélope, la estúpida.
Con una mentira cordial de por medio,
levantando su sombrero dice:
"buenas noches señora",
y sale de tu vida.



miércoles, 7 de abril de 2010

agustín.

empedrado, adoquín.
y los pies que sienten ese suelo sin concreto.
sólo aquellos que besaron con sus plantas el frío
saben cómo calentarla.
pies descalzos, ensangrentados
sin lagarto.


No me mires así, Agustín. Es simple.
No quiero entrar en la discusión sobre los ojos, que son complicados. Los ojos son como un tuco, nunca sabés lo que tienen. Siempre vienen con el 'ingrediente secreto' que te sorprende. Prefiero las cosas más simples, como los pies. Iguales. Estáticos. Unilaterales. Ahí está la clave. En un camino de empedrado, de adoquín, un reflejo de una historia. Pensados como un adorno para los criollos. Porque los adornos son un 'admirame y no me toques': hechos fueron para los españoles. ¿Dónde viste a una chinita en carruaje? Ni en una Billiken. Un adorno para la chinita, pues.
En esos adoquines caminan muchos pies. Sólo aquellos que los besaron con sus plantas y sintieron su frío van a saber darles calor. Mirá los pies descalzos, los zapatos agujereados en la suela que son un recordatorio de que nada es para siempre, de que lo que se tiene es relativo. En cambio, desconfiá de aquellos enfundados en lagartos. Porque son la metáfora de la sangre fría, tan exactos como el cuero con el que están hechos.
Los pies que sacan callos son los que nos caminan, los que llenan las calles de vida. Los que mancharían los adoquines con su sangre caliente bombeada desde su corazón... fuerte. Porque ellos, Agustín, son los que hacen que todo marche, son los pies sobre los que se apoyan los sueños propios y ajenos, los de todos.
Porque todos los ojos miran para adelante, pero hay que llegar hasta el horizonte...

domingo, 28 de febrero de 2010

rosarios.

(mucho por decir)

...

Tantos meses
(...)
hechos de rosarios de puntos suspensivos

.
.
.

lunes, 8 de febrero de 2010

popárticamente.

En esta larga noche hay demasiado violín que me estalla los tímpanos.
En esta larga noche, demasiados medicamentos que tomar para la resaca que me generás con tan sólo pensar, pensarte; en el "te" está la cuestión.
En esta noche de hedor y moscas verdes que rovolotean alrededor del vaso que siempre está llenándose de secretos, de gritos, de líquidos amarillentos a punto de rebalsar.
Esta noche de témpanos en las pieles, donde el sueño vence a la carne y así se acunan. El sueño debe vencer a la carne y quedar tiernamente dormidos con un ojo abierto, siempre pensando.
¿Qué me pasa? No sé, decímelo vos. ¿No sabés? Bueno, yo tampoco. No puedo conmigo hoy y mucho menos voy a poder con vos.
Tan pendiente tu ojo de águila de la lejanía de las cosas que están por venir (mirá que las salvaciones no vienen de arriba). No hay lluvias de felicidad que te inunden y te acomoden el mundo; "te" para vos. Yo hace tiempo que no creo en los héroes -nunca me salvaron de nada-. Y nadie te va a salvar a vos de tu locura y de la locura de los demás.
En búsqueda continua, recolectás semillas que nunca cultivás. Yo, que sería un helecho, una enredadera, crezco porque me nutro de vos para seguir. Porque las enredaderas nunca esperan ser regadas.
En búsquedas fatales, siempre buscando en círculos que me dan temor y, para ser sincera, amenazan mi fértil terreno de planta rastrera. Yo, que conseguí los méritos de un nombre azaroso y de rima familiar (que la ironía no derrita las letras, por favor); yo, que conseguí el mérito de ser un espejismo que a simple vista te parecería que es (uy, a ver si me la confundo), un poco más cerca, no. "No" no era. Soy la "me pareció, no, no era al final" (el "nada que ver" lo agrego yo, hijos de puta)

Me cansé de pensar mal de mí. Pongamos "modo superación" (ahí va):
Si no podés ver la locura que hay en mí es porque no sabés prender la mecha.
Desvocarme, montarme arriba del caballo, enrularme, drogarme y volverme a revivir, deprimirme popárticamente, hacerme reír y temer hasta perder el límite. Que me necesites mucho y de manera apremiante, que te haga brillar, dedircarme a ser tu rubí rojo furioso que nunca se decolora. Tu muñeca intelectual, tu geisha que demanda; no sabés prenderme la mecha.

domingo, 17 de enero de 2010

ciclotimia

Me siento bien, el aire es cálido.
Angeline está fumando y Juliette come pasteles con crema, cada una en sus propios mundos. Tranquilo y calmo, sin tensión. Hay veces que podemos convivir así, en silencio. Los humos de Angeline no me molestan, son una cuestión menor de ella. Juliette hace algo tan simple como comer pasteles de crema, algo tan inocente como todo lo que hace, pero no es un acto que al contemplarlo te dé lástima. Come con las dos manos muy cerca de su boca, como un ratoncito y, de a pequeños mordiscos, va como "royendo" la comida. Tiene miedo, como yo, como Angeline, de que no pueda terminar de hacer lo que hace: estar en paz durante un largo rato. Por eso mira para los dos lados nerviosa y hace ruido al masticar.
Angeline la mira de reojo y su pie comienza a hacer movimientos involuntarios de subida y bajada. Claramente se está poniendo nerviosa de verla comer así -el ambiente se pone denso y a mí ya me dan ganas de irme a otra parte-, pero no puedo. No puedo dejar que Angeline se moleste porque Juliette come de una forma que a ella no le gusta. Es intolerante con los demás. Y Juliette no sabe defenderse de una abusona de tal calibre. Me quedo cual espectador viendo en qué momento entrar en la disputa que todavía no comenzó pero que, como profecía, está por suceder. Suspiros y bufidos de Angeline. Juliette se da cuenta de que se está enojando e intenta terminar de comer antes de que se canse. La mira de reojo y baja los ojos como perro manso.

...

Angeline abofetea a Juliette, y a su vez aparece en su propia mejilla una marca roja donde se ven los cinco dedos definidos. Y mi cara afiebrada también. Y Juliette empieza a gimotear, acurrucándose, a la vez que la imito ocultándome bajo la mesa. Angeline desaparece, se esfuma y deja a una Juliette estupefacta, contemplando manchas en el piso, líquidos extraños y babosos, restos inertes. Juliette escucha ruidos. Presa del miedo no puede hacer nada, salvo abrir los ojos grandes y hacer una mueca de grito ahogado. Ahí es cuando yo la llamo "¡Angeline, Angeline! ¡Necesitamos que vuelvas! ¡Nos quieren hacer daño!" En la primera vez, que Angeline fue un ángel, acude ante el llamado. Está más iracunda que nunca. Nadie nos va a hacer daño a nosotras. Nunca. No piensa y golpea embiste empuja pega... Nos toma de la mano a ambas y las tres corremos hacia algún lugar.
Porque Angeline, Juliette y yo somos la santa trinidad que vive en mí, yo soy una siendo tres. Yo soy yo si está Juliette para sentirse como me sentí ese día debajo de la mesa. Y también soy yo si soy Angeline que aborrece no hacer podido ser antes ella misma y poder defender a Juliette como después lo hizo. Liberándose sin pensar nada, golpear embestir empujar. Hasta tener que agarrarnos a las dos del brazo y echarnos a correr.

martes, 22 de diciembre de 2009

suite punta del oeste.

En un flash que tuve viajaba a la tarde en el tren (¡maldito Sarmiento!), pasaba la formación por los talleres de Haedo. Para los que no conocen el oeste, entre la estación de Haedo y la de Morón hay un enorme descampado (para políticos y burócratas, futura terminal de colectivos y blah blah blah) que si uno lo cruza todo, vías incluídas, llega a los talleres donde arreglan los trenes o simplemente los llevan a morir, porque hay cadáveres de vagones por todos lados y los mismos 4 trenes a los cuales les dan una chapa y pintura para que los usuarios digamos "Bueh, por lo menos hacen algo con nuestra plata" entre otras frases célebres y puteadas al mejor estilo criollo. Es una breve descripción de una mancha de vegetación entre tanto cemento, con formaciones descarnadas, vías que no llevan a ningún lado funcional... simplemente hermoso.
Lo que vi sólo lo podrían reproducir en un fragmento de película. Los ojos captan las mejores tomas de todas, porque no sólo contemplan todo sino que lo interpretan al mismo tiempo. Entre y desde el pasto de los talleres volaban un montón de pájaros libres de ir para dónde querían; pero no era ese el punto, sino la sensación armoniosa de sus máquinas de vuelo moviendo los engranajes de las alas en perfecta comunión con el aire. Esa sensación armoniosa es lo que me falta. Le falta armonía a mi vida, que empieza a sonar por sí sola y lo hace bastante mal. Ruidos, notas discordantes... no se cómo explicarlo porque ya estoy perdiendo el oído y no puedo distinguir la melodía que me identifica, que me hace seguir, seguirla a la izquierda o doblando a la derecha. Derecha e izquierda no me sugieren nada y últimamente me está siendo indistinto el asunto de elegir una u otra.
No soy el pilar que te levanta, aunque simpre trate de serlo. Ni siquiera puedo levantarme yo por mis propios medios y pretendo ser los superhéoes de nuestras Ciudades Góticas. Mi compañero, mi lágrima inconsciente, no me sueltes la mano. Mi vida corre amenaza de derrumbe y ya no puedo maquillarlo más, actuarlo, satirizarla o incluso reírme de ella. No distingo espejos, especulo, especulo... y me la llevo a marzo. ¡Me la sigo llevando a marzo!
No me sueltes la mano, acariciame como lo hacés siempre... yo también quiero confiar en vos, ¡yo también quiero tener fe! Dos locos hacen locuras ¡y que amplio es hablar del tema! locuras loables y locuras incalculables. Torpemente sale mi relato de hoy, porque más que un relato son pensamientos y deseos apenas unidos con conectores.
El miedo de despegar, de alzar vuelo y mirar para abajo... y que tu gorra de galesito se vaya haciendo más pequeña. El miedo de que no vueles nunca. El miedo de que vueles para otro lado. El maldito miedo... pero reíte de mis miedos y no me sueltes la mano.
Mi compañero, sí que te conozco. ¿Una métafora? chispa, pólvora y mecha. ¿Una metáfora mía? agua, tierra, viento. Así equilibramos la balanza aunque no por eso es balanceable.
Sólo yo sé lo que veo cuando te miro a los ojos. Sólo yo sé lo que siento cuando leo tus ojos. Sólo yo sonreí esa tarde en el tren, en un flash a través de Haedo cuando vi dos pájaros volando juntos en perfecta armonía.

lunes, 30 de noviembre de 2009

el contexto del día.

Ayer… ayer habría sido capaz de definir cansancio en su extremo físico, y podría haber dado una cátedra sobre la ansiedad de un grito al vacío.
Ayer descubrí que Cenicienta es la autobiografía de alguien que entendió que su situación no era excepcional, y que otros también se sentirían representados por la miseria de una escena donde no hay nada más que un trapo, un balde, tus lágrimas y mierda de perro.
Y después de esto tengo algo impactante que confesarles. Ayer…
Fue un mal día.
Un día de 48 horas, donde mi nutrición personal estuvo dada por una asombrosamente prolongada convivencia con mi genial juguete tecnológico, de última generación, que me conecta con el mundo en su elaboración, que teóricamente tenía que mejorar mi vida gracias a su muy nuevo sistema de soporte, que -déjenme decírselos- es realmente sorprendente. Tiene unos colores combinados de manera casi emotiva, que sumados al hecho de que el sistema no es compatible con ningún programa funcional que yo uso, casi siempre logran hacerme llorar.